Marcus seguía recibiendo correos electrónicos diarios de viajeros: algunos contaban experiencias pasadas de discriminación, otros compartían momentos de esperanza. Abundaban las historias sobre tripulaciones de vuelo que se esforzaban al máximo para que cada pasajero se sintiera valorado, agentes de puerta que se esmeraban en cuestionar sus suposiciones y capitanes que ofrecían disculpas personales cuando el servicio era deficiente. La antigua cultura del sesgo discreto había sido reemplazada por un nuevo estándar: la inclusión intencional y activa.
Un año después del vuelo 447, Marcus abordó la misma ruta y volvió a ocupar su asiento en la cabina 1A. La tripulación era completamente nueva, excepto Sarah —ya reincorporada por completo—, quien recibió a cada pasajero con la misma calidez y respeto. La transformación fue real, y aunque el trabajo continuaba, el compromiso con la vigilancia se había consolidado.
**Tu voz importa.**
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