Para doña Dolores, el regalo más preciado nunca fue el dinero, sino el amor que había sobrevivido bajo capas de orgullo y miedo.
A menudo se sentaba junto a su ventana y sonreía suavemente mientras decía: “Ese paquete de fideos… fue el mejor regalo que mi hijo me dio jamás”.
No importa cuánto éxito tengamos, que nunca olvidemos a quienes nos dieron la vida. Un pequeño gesto de amor hacia nuestros padres —una palabra, un abrazo, una simple visita— puede reconfortar sus corazones para toda la vida.
Para conocer los tiempos de cocción completos, vaya a la página siguiente o abra el botón (>) y no olvide COMPARTIR con sus amigos de Facebook.