Un albañil gastó 300 millones para casarse con una mujer paralítica; en su noche de bodas, al quitarle la ropa, descubrió una verdad impactante: “TÚ ERES…”

 

 

 

Un año después, sus pies comenzaron a hormiguear.

Dos años después, con ayuda de bastones, logró dar sus primeros pasos.

“La lotería del corazón”

Cuando Lucía dio tres pasos hacia él, Hugo rompió a llorar como un niño.

Entre lágrimas y risas, le dijo:

¿Ves, cariño? Al final, te tocó la lotería.

Él la abrazó y le respondió:

“Y no cambiaría este premio por nada, ni siquiera por el mundo entero”.

Desde entonces, cada mañana en Puebla, los vecinos todavía los ven —él empujando la silla, ella caminando a su ritmo— y todos saben que, a veces, la verdadera suerte no se gana con un billete, sino con un corazón que no se rinde.

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