Trae el vino más caro, dijo el anciano mal vestido. los echaron enfrente de todos. ¡pésima decisión…!

 

 

 

¿No cuánto dinero tenías? No que ropa vestías, no que título portabas, sino como tratabas a los demás, cómo usabas tus recursos. ¿Cómo decidías vivir cada día? La verdadera riqueza siempre estuvo ahí. En la bondad. En las generosidad, en la capacidad de ver más allá de las apariencias. Y en el coraje de actuar según esos valores, incluso cuando nadie estaba mirando. Incluso cuando era más fácil no hacerlo. Alfredo y Mirta salieron del centro esa noche tomados de la mano, como siempre.

50 años juntos y todavía caminaban el mismo camino, el camino de la humildad, del amor, de la dignidad, ese camino que tantos olvidan. Pero que cuando lo recuerdas lo cambia todo. Y así fue como una noche que comenzó con humillación terminó transformando vidas. Porque a veces las mejores lecciones vienen de los momentos más difíciles y las personas más valiosas son aquellas que otros no se molestan en ver.

 

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