Poco a poco, los golpes de las tres de la mañana cesaron. Y finalmente entendí: sanar a alguien no significa arreglarlo.
Su mirada se volvió más cálida. Volvió a reír. El médico lo llamó progreso. Yo lo llamé paz.
Significa atravesar su oscuridad y permanecer lo suficiente para ver regresar la luz.
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