3. Mañana de sonrisas fingidas
Durante el desayuno le pregunté amablemente: “Olivia, ¿qué le pasó a tu mano?”
Ella dudó. "Ah... Me di con la puerta, mamá. No es nada."
Daniel entró, la abrazó y forzó una sonrisa. "¿Ves, mamá? Mi esposa es muy torpe".
Olivia sonrió levemente, pero sus ojos la delataron y se llenaron de un miedo silencioso. Reconocí esa mirada. Era la misma que yo solía tener.
4. La elección de una madre
Esa noche, no pude conciliar el sueño. Recuerdos de puños, miedo y silencio me atormentaban. No podía dejar que Olivia soportara lo que yo había vivido.
A la mañana siguiente, los llamé a ambos.
—Daniel —dije con calma—, me voy a mudar a una residencia de ancianos. Tengo amigos allí y es mejor para todos.
Frunció el ceño. "¿Estás segura, mamá?"
—Sí, hijo. Ya es hora.
Olivia permaneció en silencio, con lágrimas cayendo. La abracé fuerte y le susurré: «No tengas miedo, cariño. Lo sé todo».
5. Un nuevo amanecer
En la residencia, por fin volvió la paz. Sin gritos ni miedo, solo risas y cálida compañía. Una tarde, me encontré con George, mi amigo de la infancia, a quien creía fallecido hacía tiempo.
—Nunca esperé volver a verte, Margaret —sonrió—. Quizás el destino aún nos deba una historia —dije, riendo.
Me sentí bien al reír de nuevo.
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