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Su marido aplaudió al verla firmar el divorcio… pero quedó en shock cuando subió al jet millonario…

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Salieron del edificio juntos, pero en el momento en que cruzaron las puertas principales, sus caminos se separaron naturalmente. Rodrigo se dirigió hacia el estacionamiento donde había dejado su BMW plateado, un modelo del año anterior que consideraba apropiado para su estatus profesional. Sin ser ostentoso, Elena caminó en la dirección opuesta hacia el área donde normalmente se congregaban los taxis. El edificio que albergaba el bufete del licenciado Herrera estaba ubicado en Polanco, en una zona conocida tanto por sus oficinas corporativas como por su proximidad al aeropuerto privado de Santa Fe.

Era una ubicación conveniente para profesionales que necesitaban acceso fácil tanto al centro financiero de la ciudad como a las facilidades de transporte aéreo ejecutivo. Rodrigo había elegido a este abogado precisamente por esta conveniencia geográfica, aunque nunca había tenido motivos para usar los servicios aeroportuarios cercanos. Mientras desactivaba la alarma de su automóvil, Rodrigo notó que Elena no había aparecido en el área de taxis como había esperado. Miró hacia atrás vagamente curioso sobre dónde podría haber ido. La vio caminando con paso decidido hacia una verja que él había asumido era parte de las instalaciones del edificio de oficinas.

Solo cuando Elena se acercó a la garita de seguridad y presentó lo que parecía ser una identificación, Rodrigo se dio cuenta de que estaba ingresando a la terminal de aviación ejecutiva. Frunció el ceño, asumiendo que Elena había cometido un error de dirección. El área de aviación privada no era un lugar donde ella tuviera alguna razón para estar. Quizás estaba confundida por el estrés del divorcio o tal vez había malinterpretado las direcciones de algún taxi que había llamado.

Rodrigo repentinamente ir a corregir su error, pero decidió que Elena era lo suficientemente adulta para resolver su propia confusión. se subió a su BMW y ajustó el aire acondicionado. El día estaba particularmente caluroso para octubre y quería llegar a su comida con Carlos Villarreal, sintiéndose fresco y preparado. Mientras maniobraba para salir del estacionamiento, permaneció un ojo en el área donde había visto desaparecer a Elena, más por curiosidad que por preocupación. Lo que vio lo hizo frenar tan abruptamente que el conductor detrás de él tocó la bocina con irritación.

Elena estaba subiendo los escalones de un jet ejecutivo de color blanco y azul marino, un modelo que Rodrigo reconoció vagamente como uno de los más caros en el mercado de aviación privada. Un piloto uniformado la saludó en la entrada de la aeronave y pudo ver que intercambiaron algunas palabras antes de que Elena desapareciera en el interior. Rodrigo permaneció inmóvil en su automóvil durante varios minutos tratando de procesar lo que acababa de presenciar. Su mente pasó rápidamente por varias explicaciones posibles.

Quizás Elena había conseguido trabajo como azafata o asistente de vuelo para alguna empresa de aviación ejecutiva. Era una explicación que tenía sentido dada su necesidad de ingresos después del divorcio. O tal vez estaba acompañando a algún empleador a un viaje de negocios en calidad de secretaria o asistente personal. La tercera posibilidad, que Elena fuera en realidad una pasajera en el Jet, le pareció lo suficientemente improbable como para descartarla inmediatamente. Durante 12 años de matrimonio, Elena nunca había demostrado tener los medios o las conexiones para acceder a transporte aéreo privado.

Sus viajes habían sido limitados y siempre en líneas comerciales, generalmente para visitar a su familia en Oaxaca durante las festividades importantes. El sonido de los motores del jet incrementándose lo sacó de sus pensamientos. Rodrigo observó mientras la aeronave se dirigía hacia la pista el proceso de taxi que precedía al despegue. Había algo profundamente perturbador en ver a su exesposa involucrada en un mundo que él había asumido que estaba completamente fuera de su alcance. Su teléfono celular sonó interrumpiendo su concentración.

Era Carlos Villarreal confirmando su reunión y preguntando si Rodrigo podría llegar 15 minutos antes para revisar algunos documentos preliminares. Rodrigo confirmó que estaría ahí, pero su voz sonaba distraída, incluso para él mismo. Mientras se dirigía hacia el restaurante donde se encontraría con Carlos, Rodrigo no pudo dejar de pensar en la imagen de Elena subiendo a ese jet. Había algo en su postura, de la manera en que el piloto la había saludado, que sugería familiaridad. No era la interacción entre un empleado y su superior, ni tampoco la de una pasajera ocasional, siendo asistida por la tripulación.

Era más parecida a la forma en que los empleados del hotel saludaban a huéspedes regulares con el tipo de reconocimiento que viene de encuentros repetidos. Carlos Villarreal ya estaba esperando en el restaurante cuando Rodrigo llegó sentado en una mesa junto a la ventana con una vista parcial del paseo de la Reforma. Era un hombre de unos 50 años con el tipo de confianza tranquila que viene de décadas de éxito en el desarrollo inmobiliario. Tenía varios proyectos en desarrollo en la Riviera Maya y estaba buscando socios técnicos para la infraestructura de ingeniería.

Rodrigo, dijo Carlos poniéndose de pie para estrechar la mano. Te ves pensativo todo bien con los asuntos legales. Rodrigo se sentó y tomó la carta que le ofrecía el mesero. Todo resuelto. Gracias. Disculpa si parezco distraído. Ha sido una mañana interesante. Los divorcios pueden ser complicados, dijo Carlos con simpatía práctica, pero también liberadores. Ahora puedes enfocarte completamente en expandir tu negocio sin las complicaciones domésticas. Era exactamente lo que Rodrigo había estado pensando, pero por alguna razón las palabras de Carlos no le trajeron la satisfacción que había anticipado.

En lugar de eso, se encontró pensando en Elena caminando hacia ese jet con una confianza que parecía completamente natural, como si fuera algo que había hecho muchas veces antes. Cuéntame sobre los proyectos en Tulum”, dijo Rodrigo forzándose a enfocarse en la conversación. ¿Qué tipo de infraestructura están considerando? Carlos desplegó algunos planos preliminares sobre la mesa. Los proyectos eran ambiciosos. Un desarrollo residencial de lujo con campo de golf, marina privada y facilidades para aviación ejecutiva. El tipo de proyecto que requeriría no solo experiencia en ingeniería, sino también conexiones con proveedores especializados y acceso a materiales de alta gama.

 

 

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