Y comprendió, por fin, que la vida no se mide por lo que posees, sino por a quién amas y cuidas.
Nunca volvió a ser el mismo.
El arrogante millonario murió el día que Julia cerró los ojos.
Y en su lugar nació un nuevo hombre, un padre.
Un hombre que comprendió demasiado tarde que las puertas que se abren sin previo aviso…
a veces conducen al amor más verdadero y a la pérdida más profunda.
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