Sin decírselo a mi esposo, fui a la tumba de su primera esposa para pedirle perdón, pero en el momento en que vi la foto en su lápida, me quedé paralizada

Esa noche, Caleb me esperó en la cocina. Sonrió al verme, como siempre, con una expresión dulce que antes me hacía sentir segura.

Pero ahora esa sonrisa parecía una máscara.

Porque la verdad era imposible de ignorar:

No solo se había enamorado de mí.
Me había elegido.
Me había buscado.
Me había encontrado.

Una mujer que se parecía a su primera esposa.

Una mujer a la que pudiera moldear para que volviera a tener la vida que tenía antes.

Una mujer que encajaba con la imagen que había perdido.

De repente, cada momento que alguna vez pareció dulce se volvió amargo.

La forma en que observaba a la multitud.
La forma en que se fijaba en los rostros con tanta atención.
La forma en que reaccionó cuando me corté el pelo una vez: pánico, pánico de verdad.
La forma en que insistía en usar cierta ropa.
La forma en que insistía en ciertas rutinas.

Él no me amaba.

Estaba recreando algo.

Reconstruyendo a alguien.

Reemplazando a alguien.

Cuando pasé junto a él esa noche, sentí que su mirada me seguía: demasiado cuidadosa, demasiado calculadora, demasiado familiar

Y en ese momento, me di cuenta de la verdad más aterradora de todas:

Rachel no se había perdido en un trágico accidente.

Ella había estado tratando de escapar de él.

Y ahora…

Yo era la nueva versión de ella.

Una versión que él pretendía conservar

Para conocer los tiempos de cocción completos, vaya a la página siguiente o abra el botón (>) y no olvide COMPARTIR con sus amigos de Facebook.