Mi suegro no tenía pensión. Lo cuidé con todo mi corazón durante 12 años. Con su último aliento, me entregó una almohada rota y dijo: «Para María». Cuando la abrí, lloré sin parar…

 

 

 

Mi segundo padre

Cada vez que veo esa vieja almohada, recuerdo a Tatay Ramón. En mi corazón, no era solo un suegro, sino un segundo padre que me enseñó el verdadero significado del sacrificio, la gratitud y el amor incondicional.

Y cada día que pasa me repito a mí mismo: viviré una vida mejor y más amorosa, para que su legado más valioso nunca se pierda.

Para conocer los tiempos de cocción completos, vaya a la página siguiente o abra el botón (>) y no olvide COMPARTIR con sus amigos de Facebook.