Mi hijo me pegó anoche y me quedé callada. Esta mañana, tendí mi mantel de encaje, preparé un desayuno sureño completo y luego preparé la vajilla fina como si fuera Navidad.

Mi hijo me traicionó anoche y no dije nada. Esta mañana, extendí mi mantel de encaje, preparé un desayuno sureño completo y saqué la porcelana fina como si fuera un día festivo. Cuando bajó, echó un vistazo a las galletas y la sémola, sonrió con suficiencia y dijo: «Parece que por fin aprendiste». Pero la sonrisa se desvaneció en cuanto vio quién estaba sentado a la mesa.

Soy Margaret Collins, tengo sesenta y dos años. Anoche mi hijo Daniel me pegó. Ya había gritado muchas veces, pero esta fue la primera vez que su mano me dio con tanta fuerza que me dejó un sabor metálico en la boca. No llamé a nadie. No grité. Me apoyé en la encimera de la cocina mientras salía furioso, dando un portazo con la petulancia de un adolescente, no de un hombre de treinta y cuatro años.

Esta mañana, me levanté antes del amanecer, como siempre. Tenía la mejilla hinchada, pero la cubrí con cuidado con maquillaje y me ajusté los pendientes de perla. Extendí el mantel de encaje que me regaló mi madre cuando me casé y preparé un desayuno sureño completo: galletas, salsa de salchicha, sémola de maíz con mantequilla, huevos revueltos y tocino en su punto. Saqué la vajilla que reservamos para Navidad y Pascua.

Daniel llegó tarde, con la sudadera puesta y el teléfono en la mano. El olor a comida le hizo sonreír.

 

 

⏬ Continua en la siguiente pagina ⏬

 

 

Para conocer los tiempos de cocción completos, vaya a la página siguiente o abra el botón (>) y no olvide COMPARTIR con sus amigos de Facebook.