—Me voy, abuelo. —Ni siquiera intenté secarme las lágrimas que me resbalaban por la cara—. Voy a salvarlos a todos, igual que tú me salvaste a mí. Fuiste mi héroe hasta el final. Me ayudaste. De verdad que sí.
La mentira de la escasez había sido el mayor acto de amor que jamás había conocido. Y viviría una vida digna de ese sacrificio.
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Si esta historia te conmovió, lee la siguiente: Me detuve en una carretera nevada para ayudar a una pareja de ancianos con una llanta pinchada, sin darle mucha importancia. Una semana después, mi mamá me llamó presa del pánico, gritando: "¡Stuart! ¡¿Cómo no me lo dijiste?! ¡Enciende la televisión, AHORA MISMO!". Fue entonces cuando todo cambió.
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