María yacía boca arriba sobre la alfombra, con los brazos extendidos hacia el techo.
Y en sus manos estaba Lily.
El cuerpo de Lily se estiraba como un avión, su vestido rosa ondeando, sus brazos abiertos. Su rostro brillaba con un deleite tan puro que casi dejó a Daniel sin aliento.
"¿Qué estás haciendo?", gritó. María se sobresaltó, pero reaccionó al instante, sujetando a Lily y bajándola con cuidado al suelo. Lily rió, sin ningún miedo.
"Lo siento", dijo María rápidamente. "Me pidió que..."
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