Llegué a casa de mi hermana sin avisar y la encontré acurrucada, dormida sobre el felpudo, con la ropa rota y sucia. Su marido se limpió los zapatos en su espalda con indiferencia y se rió con su ama: «Tranquila, solo es nuestra criada loca». No grité. Di un paso al frente... y la habitación quedó en completo silencio, porque...

No la casa. No el juicio. Sino esa sentencia.

Esto sucede con más frecuencia de lo que creemos. El abuso no siempre implica heridas. A veces es silencio, control y un felpudo.

Si conoces a alguien que vive esta realidad, no mires hacia otro lado.
Y si eres tú, no estás solo.

No hay publicaciones relacionadas.

Para conocer los tiempos de cocción completos, vaya a la página siguiente o abra el botón (>) y no olvide COMPARTIR con sus amigos de Facebook.