El hombre que dio vida. Décadas más tarde, los nietos de los apaches aún contaban su historia. Decían que en las noches sin luna, una figura anciana caminaba junto al pozo cuidando el agua y que cuando alguien bebía con respeto, el viento susurraba su nombre, Izan. Y cada vez que una tormenta traía lluvia sobre el desierto, Nayeli miraba al cielo y murmuraba una oración en su idioma. Que el agua que salvó mi vida siga fluyendo en el corazón de los hombres buenos.
Para conocer los tiempos de cocción completos, vaya a la página siguiente o abra el botón (>) y no olvide COMPARTIR con sus amigos de Facebook.