La hija de cinco años de mi marido apenas había comido desde que se mudó con nosotros. «Lo siento, mamá... no tengo hambre», me repetía noche tras noche.

 

 

“Mamá… gracias por escucharme ese día.”

Mi corazón se derritió.

“Siempre te escucharé. Siempre.”

El caso de Javier siguió su curso legal, y aunque el proceso fue difícil, entendí que tomar esa decisión fue la correcta. No solo como adulta, sino como la persona que Lucía necesitaba que fuera.

Y ahora, si has leído hasta aquí, me gustaría preguntarte algo: ¿
Te gustaría que escribiera una secuela? ¿Quizás desde el punto de vista de Lucía, desde el de Javier, o incluso un epílogo ambientado años después?

Tu interacción ayudará a que la historia siga creciendo.

 

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