—Nunca quise lastimarte —murmuró—. Tenía miedo. No sabía cómo admitir que estaba fracasando.
—El fracaso no destruyó nuestro matrimonio —respondí—. Lo destruyó cómo decidiste manejarlo.
Dos semanas después regresé por mis últimas cosas, con un oficial presente. La casa estaba silenciosa. Demasiado. Como si los recuerdos hubieran decidido irse antes que yo.
Tomé mis objetos personales mientras los mudanceros empacaban.
Entonces escuché su voz:
—Lorena…
Rodrigo estaba en la puerta, roto, humano, irreconocible.
—Solo quería verte una vez más —dijo.
—No hay nada que hablar —respondí.
—Solo quiero pedirte perdón. No por el negocio. Por ti. Por haberte tratado como si no valieras nada cuando tú… eras lo mejor que me había pasado.
No dije nada.
—Sé cuánto ganabas —confesó—. Me lo dijo tu empresa cuando solicitaron referencias para tu ascenso. Yo… no sabía. Me siento un idiota.
—Nunca lo escondí —repetí—. Nunca preguntaste.
Los mudanceros terminaron.
⏬ Continua en la siguiente pagina ⏬
Para conocer los tiempos de cocción completos, vaya a la página siguiente o abra el botón (>) y no olvide COMPARTIR con sus amigos de Facebook.