“La corrió de su propia casa llamándola ‘inútil’… pero tres días después terminó rogándole entre deudas, fraudes y amenazas.”

 

 

Rodrigo se derrumbó sobre una silla.

—Tenía miedo —confesó—. Mi negocio se estaba hundiendo. Pensé que si actuaba primero… tendría ventaja. Pensé que si sabías la verdad… me dejarías.

—No necesitabas esconder nada. Solo hablar conmigo.

—Mi abogada seguirá el proceso —añadí—. Los bienes se dividirán legalmente. Y tendrás que responder por las transferencias.

—Voy a perderlo todo —susurró.

—Lo perdiste el día que aventaste mi maleta.

Tomé lo que necesitaba y salí.

Rodrigo me siguió hasta la puerta.

—¿Podemos hablar? Como dos personas que alguna vez se amaron…

Me detuve un segundo.

—Podemos hablar —dije—. Pero ya no aquí. Y ya no como antes. Cualquier asunto legal será entre abogados. Si quieres una conversación humana… empieza por ser honesto.

No contestó.

Salí.
Respiré.
Por primera vez en mucho tiempo, la vida se sentía mía.

 

 

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