La voz de Rekha tembló:
—Yo… no puedo hacer esto… no estoy acostumbrado…
—murmuró mi padre, con el rostro enrojecido—.
Papá... no quise hacerle daño. Solo... quería abrazarla. Empezó a llorar a gritos, y yo estaba confundido y no sabía qué hacer.
A la mañana siguiente, cuando todo se calmó, me senté a hablar con mi padre y mi tía Rekha. Les dije con dulzura:
Adaptarse lleva tiempo. Nadie debería verse obligado a hacer algo para lo que no está preparado. De ahora en adelante, tú y tu tía irán despacio: empiecen con conversaciones, paseos matutinos por Central Park, cocinar juntos, ver la televisión. Si se sienten cómodos, tómense de la mano, apóyense el uno en el otro. En cuanto a la intimidad, que surja de forma natural cuando ambos estén listos. Si es necesario, pediré ayuda a mis tíos mayores o a un consejero matrimonial.
Mi padre suspiró, pero sus ojos se llenaron de lágrimas.
No esperaba que fuera tan difícil. Había olvidado lo que se siente tener a alguien a tu lado.
Rekha asintió suavemente.
Yo también estoy nervioso. No quiero incomodarte. Por favor... dame más tiempo.
Acordaron dormir en habitaciones separadas temporalmente, manteniendo un límite flexible y priorizando la comodidad mutua. Por la tarde, vi a papá y a Rekha sentados en el balcón, preparando té caliente, hablando del jardín y de los niños del jardín de infancia. Ya no hubo lágrimas, solo preguntas en voz baja y sonrisas tímidas.
⏬ Continua en la siguiente pagina ⏬
Para conocer los tiempos de cocción completos, vaya a la página siguiente o abra el botón (>) y no olvide COMPARTIR con sus amigos de Facebook.