No querían que su hija estuviera con un inválido. Otros decían que Isabel había conocido a alguien más. Otros decían que simplemente no pudo soportar la presión. La verdad murió con el silencio de Isabel. Julio intentó buscarla, mandó cartas, llamó a sus amigas, pero Isabel había desaparecido, se había mudado, nadie sabía dónde. Y el chico de 19 años paralizado en una cama de hospital, aprendió algo que cambiaría su vida. El amor puede destruirte, pero también puede transformarte, porque fue después de perder a Isabel que Julio encontró la música.
Fue después de que ella se fuera, que agarró la guitarra que una enfermera había dejado junto a su cama. Fue con el corazón roto que escribió sus primeras canciones. Canciones de amor, canciones de pérdida, canciones sobre una mujer que nunca lo abandonó del todo. Isabel, 40 años después, ahí estaba en la tercera fila. Mirándolo, el jefe de seguridad caminó hacia la tercera fila. 20.000 personas miraban sin entender qué estaba pasando, por qué el concierto se había detenido, quién era esa mujer no se movía.
Miró a Julio. Julio la miraba a ella. 40 años comprimidos en una mirada. La guardia llegó hasta Isabel. Le dijo algo al oído. Ella negoció con la cabeza. El guardia insistió. Ella volvió a negar. Julio vio todo desde el escenario. Levante el micrófono. Isabel. Su voz resonó por todo el estadio. 20.000 personas en silencio absoluto. Por favor, dos palabras. Solo dos palabras, pero dichas de una manera que nadie había escuchado antes. No era el Julio Seductor, no era el Julio Profesional, era otro Julio, uno más antiguo, uno que había estado escondido durante 40 años.
Isabel lo miró, sus ojos brillaban con lágrimas y lentamente se puso de pie. El guardia la guió hacia el escenario. Las personas en las primeras filas se apartaban, confundidas, susurrando. Isabel caminaba como en un sueño. Cada paso parecía costarle un esfuerzo enorme. Las escaleras del escenario, un paso, dos, tres, y ahí estaba, frente a Julio, a 2 m de distancia, bajo las luces que habían iluminado a reyes y presidentes. Pero Julio no veía las luces, no escuchaba al público, no sentía las cámaras.
Solo la veía a ella. Isabel, a los 18 años bailando en aquella fiesta de Madrid. Isabel riéndose de sus chistes tontos. Isabel besándolo por primera vez. Isabel diciéndole, “Perdóname”. Y desapareciendo para siempre. Todo estaba ahí. En sus ojos, los mismos ojos de siempre. "Hola, dijo Julio". "Hola, respondió Isabel. Su voz, Dios, su voz más grave ahora marcada por los años". Pero la misma voz que él había escuchado en sueños durante décadas, Julio dio un paso adelante. Isabel no retrocedió.
40 años, dijo Julio. 40 años, repitió ella. Te busqué, lo sé. Nunca te encontré. Perder. Silencio. 20.000 personas manteniendo la respiración. ¿Por qué viniste esta noche? Preguntó Julio. Isabel tardó en responder. Cuando lo hizo, su voz temblaba. Porque nunca pude ir a ninguno de tus conciertos. Durante 40 años escuché tus canciones en la radio, te vi en la televisión, leí sobrez revistas, pero nunca pude verte en persona. Me dolia demasiado. Hizo una pausa, pero este año cumplió 60 y me dije, “Ya es suficiente, ya pasó suficiente tiempo.
Puedo ir a verlo cantar una vez, solo una vez, sin que él sepa que estoy ahí.” Una lágrima cayó por su mejilla. No pensé que me iba a ver. Había 20,000 personas. ¿Cómo iba a verme a mí? Julio sonríó. Podría haber 100,000 personas.
Hace 40 años me dejaste en un hospital. Tenía las piernas rotas y el corazón roto y no sabía cuál dolía más. Isabel bajó la mirada. Pero quiero que sepas algo, continuó Julio. Todo lo que soy, todo lo que logré, empezó esa noche, la noche que te fuiste. Porque fue esa noche que agarré una guitarra por primera vez. Y estaba pensando en vos que escribí mis primeras canciones. El estadio estaba en silencio absoluto. Así que gracias, Isabel. Gracias por romperme el corazón, porque de esos pedazos rotos nacieron 300 millones de discos.
Isabel levantó la mirada. Las lágrimas corrían libremente. Ahora Julio abrió los brazos e Isabel caminó hacia él. Se abrazaron en el centro del escenario dos personas que habían sido jóvenes juntas hace una eternidad. Dos personas que el tiempo había separado y que el destino había vuelto a juntar. 20.000 personas aplaudían, lloraban, gritaban. Pero Julio no escuchaba nada, solo sentía los brazos de Isabel. Solo olía su perfume, diferente al de antes, pero de alguna manera igual. Solo escuchaba su respiración contra su pecho.
40 años esperando este momento. Y por fin había llegado. El abrazo resiste una eternidad. o este quizás solo unos segundos, nadie lo sabe con certeza. Cuando se separaron, Julio tenía los ojos húmedos. El hombre que nunca lloraba en público, el hombre que siempre tuvo el control, estaba temblando. Miró a Isabel, le dijo algo al oído, algo que los micrófonos no captaron, algo que solo ella escuchó. Isabel ascendió. Julio hizo una señal al jefe de seguridad. El hombre se acercó y acompañó a Isabel hacia el costado del escenario, no hacia el público, hacia atrás, hacia el backstage.
Julio se quedó solo en el escenario, tomó el micrófono. “Perdonen”, dijo al público. Su voz todavía temblaba. "Acaban de ver algo que ni yo esperaba. Esa mujer, esa mujer es parte de mi historia, una parte que creí perdida para siempre". Hizo una pausa. Ahora, si me permiten, voy a cantar una canción. una canción que escribí hace muchos años. Pensando en ella, la banda empezó a tocar una melodía que el público conocía bien, una de las canciones más famosas de Julio.
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