Horas antes de la gran competencia de baile, vi cómo mi cuñada rompía el vestido de mi hija y sonreía con desprecio. “Ahora sí mis niñas van a ganar”, dijo.

—Las competencias son así. Que gane la mejor… o la más preparada.

Mis manos temblaban. Sabía que no tenía pruebas. Sabía que provocar un escándalo podía descalificar a Sofía. El pánico me dejó muda.

Entonces sentí una mano pequeña apretando la mía.

—Mamá, relájate —susurró Sofía.

La miré incrédula. No lloraba. No estaba en shock. Sonreía con una tranquilidad que no entendí en ese momento.

—¿Cómo que me relaje? —murmuré—. Mira lo que hizo.

Sofía abrió su mochila lentamente y sacó una funda negra.

—Ese no era el vestido que iba a usar.

Abrió la funda y me mostró el verdadero traje: un vestido rojo intenso, más elegante, mejor terminado, con costuras reforzadas. El azul había sido solo una copia.

Empecé a reír. No por locura. Por alivio. Por justicia anticipada.

Verónica se quedó inmóvil.

—¿Qué es eso? —preguntó.

—El vestido ganador —respondí.

⏬ Continua en la siguiente pagina ⏬

Para conocer los tiempos de cocción completos, vaya a la página siguiente o abra el botón (>) y no olvide COMPARTIR con sus amigos de Facebook.