En un tranquilo restaurante de carretera, una niña de tres años hizo una señal de socorro con su pequeña mano. Un soldado, sentado a unas pocas mesas de distancia, la vio y, con indiferencia, le ofreció un caramelo.

Para Daniel, el recuerdo de aquel restaurante, la señal silenciosa y el suave susurro jamás se desvanecerían. Ahora comprendía que, a veces, las señales más pequeñas, si se notan y se cree en ellas, pueden cambiarlo todo.

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