No era amor todavía, pero sí un recordatorio de lo que alguna vez sintió el amor.

Luego volvió el peligro. Llamadas anónimas. Un hombre vigilando la casa. Una nota en la entrada: “No ha terminado.”
Daniel reforzó la seguridad, pero su miedo era por Elena y Lucía.
Cuando le contó a Lucía, ella no se asustó. “No tienes que enfrentar esto solo,” dijo.
Y Daniel comprendió algo importante: Sanar no significa que el peligro desaparezca.
Significa tener a alguien que valga la pena proteger… y el valor para hacerlo.
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