Y como ese encuentro cambió no solo sus vidas, sino también la de todos los que los rodeaban. Una historia sobre como la verdadera riqueza no está en el dinero, sino en la capacidad de amar y ayudar. Una historia sobre cómo a veces basta contenderle la mano a un desconocido para cambiar su destino para siempre. Una historia sobre cómo los sentimientos más fuertes nacen de los actos más simples, la bondad, la fe y el deseo de hacer del mundo un lugar un poco mejor.
La Fundación María Molina, creada en honor a María, sigue trabajando hasta hoy. Elías y María la dirigen juntos, ayudando a miles de niños. Incluso en la vejez, Alejandro sigue participando diciendo que la fundación le da un propósito. Y en esa misma plaza central, en esa misma banca, bajo el viejo castaño, la gente sigue dejando flores porque todos saben que ahí ocurrió un milagro, un milagro de amor, fe y esperanza. Y quien pasa por esa banca se detiene un momento y se pregunta, “¿Y si un milagro ocurre también en mi vida?
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