La elección de una fracción de segundo
Un hombre con traje azul marino yacía desplomado cerca de una parada de autobús, con la cara vuelta hacia la acera. Los pasajeros pasaban apresurados, mirándolos y siguiendo adelante. Ethan redujo la velocidad, solo por un respiro: el examen, su futuro, todo lo apremiaba. Su conciencia se negaba a dejarlo seguir adelante.
Frenó rápidamente, soltó la moto y salió corriendo.
El hombre estaba pálido, respiraba con dificultad y claramente inconsciente. Ethan le tomó el pulso, llamó al 911 y pidió ayuda. Mientras esperaba, siguió los pasos de primeros auxilios que recordaba de un curso de seguridad obligatorio. Tras unos minutos de tensión, los párpados del desconocido parpadearon. El color volvió a sus mejillas.

El costo de hacer lo correcto
Para cuando llegó la ambulancia, a Ethan le temblaban las manos, por la adrenalina y por saber a lo que había renunciado. Miró su teléfono.
Llegaba tarde. La puerta estaría cerrada, los papeles recogidos, su título pendía de un hilo.
Mientras los paramédicos subían al hombre a una camilla, el desconocido le tomó la mano a Ethan y le susurró: «Gracias... Me mantuviste aquí. No lo olvidaré».
Ethan esbozó una leve sonrisa. No pensaba en la gratitud, sino en el peso de lo que podría haberse ido.
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