Al darme la vuelta, la orquesta empezó a sonar con más intensidad y las luces de la ciudad brillaban a través de los altos ventanales. Por primera vez en años, me sentí libre.
Las palabras de mi tío resonaron en mi mente: Lidera con integridad.
Finalmente lo entendí.
La mujer que creían rota se había levantado de nuevo: más fuerte, más sabia e imparable.
Y esta vez, no solo estaba sobreviviendo. Estaba liderando.
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