Epílogo
Cuando mi hijo y yo salimos del pueblo, empezó a llover de nuevo, igual que hacía diez años.
Pero esta vez ya no lo vi como una maldición.
Ahora sé que, aunque el mundo te desprecie, si permaneces fiel y fuerte, la verdad siempre saldrá a la luz.
Yo, la madre que una vez fui ridiculizada por todos, ahora camino con la cabeza en alto, sosteniendo la mano de mi hijo, con una sonrisa pacífica en mis labios.
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