De tía a mamá, sin dudarlo

A los 27, firmé los papeles de adopción. No por heroísmo. Por amor. Quizás también por miedo. Me negaba a que Manon experimentara pasillos fríos, una sucesión de hogares de acogida, una espera interminable. Quería que supiera lo que significaba pertenecer a alguien.
Durante trece años, estuve allí. Los cumpleaños, las tareas nocturnas, las penas, las risas, los silencios. Le repetí una y otra vez que era amada, elegida, deseada. Que nunca estaría sola.
Para conocer los tiempos de cocción completos, vaya a la página siguiente o abra el botón (>) y no olvide COMPARTIR con sus amigos de Facebook.