Les demostré lo contrario.
No me arrepiento de haber puesto fin a mi relación.
No me arrepiento de la publicación.
El único arrepentimiento en esta historia siempre será el de ellos.
Mientras el sol se pone y las luces se encienden en el interior, susurro las palabras que debería haber dicho hace años, las palabras que me ayudaron a superar cada discusión, cada mensaje de voz, cada golpe a mi puerta:
Esta casa es mía. Esta vida es mía. Y ya no les pertenece.
El silencio que sigue no es vacío.
Es paz.
Para conocer los tiempos de cocción completos, vaya a la página siguiente o abra el botón (>) y no olvide COMPARTIR con sus amigos de Facebook.