Grace se secó las lágrimas, levantó la barbilla y comenzó a cantar. Su voz se elevó, poderosa y hermosa, llenando la sala con una fuerza que ningún prejuicio podría aplastar.
Grupos de apoyo para víctimas de violencia doméstica
En el escenario, Anna estaba junto a su hija, el peso de tres décadas finalmente se había levantado.
Por primera vez desde 1995, Anna y sus hijos ya no estaban definidos por los susurros o el abandono.
Se mantuvieron erguidos. Se mantuvieron juntos.
Y el silencio que una vez los condenó finalmente se rompió, esta vez, por la verdad y la dignidad.
Para conocer los tiempos de cocción completos, vaya a la página siguiente o abra el botón (>) y no olvide COMPARTIR con sus amigos de Facebook.