Casada durante tres años, pero todas las noches su marido dormía en la habitación de su madre, hasta que una noche ella lo siguió y descubrió la verdad que nunca esperó.

La mañana del entendimiento

Emily no durmió ni un minuto esa noche. La culpa y la ternura la revolvían por dentro.

A la mañana siguiente, después de que Daniel se fuera a trabajar, fue a la farmacia y regresó con loción calmante, toallas limpias y paños suaves. Luego, tocó suavemente a la puerta de Margaret.

—Mamá —dijo en voz baja—, por favor, déjame cuidarte esta noche. Ya has hecho suficiente; ahora me toca a mí.

Margaret se quedó paralizada por un momento, luego sus ojos se suavizaron, llenándose de lágrimas.
"Oh, Emily... gracias, querida."

Esa noche, por primera vez en tres años, Daniel se quedó en su habitación. Le tomó la mano y le susurró:
«Gracias por tu comprensión».

Emily sonrió entre lágrimas.
"Siento no haber visto lo que llevabas encima todo este tiempo".

Daniel la atrajo hacia sí. El calor entre ellos parecía no haberse disipado jamás.

Un nuevo tipo de amor

Desde ese día, Emily se hizo cargo del cuidado de Margaret cada noche. Le limpiaba la piel con suavidad, le aplicaba el ungüento y se aseguraba de que pudiera descansar plácidamente. Poco a poco, la salud de Margaret empezó a mejorar y la risa regresó a la casa.

Daniel finalmente pudo volver a dormir al lado de su esposa, sus hombros ya no estaban pesados ​​por la preocupación.

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